«Hace nueve años, allá por 2015, yo tenía un puñado de textos y las ganas de publicar un primer libro, lo que era y sigue siendo muy difícil cuando no eres parte del medio y no conoces ninguna editorial, pero tuve la suerte de cruzarme con Victor Hugo. Él ya había autopublicado en 2012 Al Pacino estuvo en Malloco, su primer libro de cuentos. Victor Hugo leyó mi manuscrito, me ayudó a editarlo y me animó a hacer una autopublicación, de lo que siempre estaré agradecida.
Hoy estamos aquí para presentar su libro número siete, porque los dos somos porfiados y durante estos nueve años hemos seguido escribiendo y publicando. Víctor además escribe poesía, les recomiendo Amantes de cartón, de esta misma casa editorial.
El pasado es un durazno sangrando, reúne doce textos, de diferente extensión y en los que el territorio juega un rol fundamental. No estamos frente a la mera descripción de un paisaje para ubicar al lector. Con una prosa ágil, en muchas de estas historias tanto narrador y personajes están siempre mediados por su relación con ese territorio que los contiene. Ya sea que se trate de pueblos chicos —casi una marca autoral de sus primeros cuentos—, el famoso pueblo chico, infierno grande, o bien se trate de la gran ciudad con su historia, sus ruidos, su modernidad; aquí los personajes y sus entornos parecieran estar en permanente tensión: se regresa al pueblo de origen como una condena, o la migración produce un contraste cultural que lleva a algunos a la soledad y al desarraigo, y en otros casos, produce encuentros y grandes amistades.
Víctor Hugo es profesor de cine, por lo que se me hace casi natural que el movimiento o más bien la figura del desplazamiento lleve a sus personajes de un pueblo a otro, de un país a otro, un ir y venir, arriba de un bus, arriba de un tren, en un trote por la playa, o largas caminatas por la ciudad. Los personajes de estos cuentos nunca están quietos y en sus recorridos se abarca lo patrimonial, lo gastronómico, la música, la historia.
Si de sentimientos se trata, el amor de pareja se nos presenta esquivo, inalcanzable, se llega tarde al amor, o como dice la canción: “Los amores cobardes no llegan a amores, o a historias, se quedan allí”.
Otro sentimiento que aparece en más de un cuento es la venganza, a veces como móvil de los personajes, como una forma de ajustar cuentas, de equilibrar la balanza. Me gusta esto de la venganza, porque las hay de las más variadas.
Fiel a su profesión de periodista, y como si de un cronista se tratara, Víctor captura en su prosa, muy a menudo, el hecho puntual, el suceso histórico, la noticia que recorrió el mundo, algunas muy memorables, otras de las que apenas recuerdo algo y dan ganas de googlear, de saber. Estos asomos de realidad enriquecen la ficción, y mientras leo comienzo a preguntarme si el texto se acerca más a la crónica, si lo que me está contando realmente sucedió, y con esa intriga sigo leyendo, porque qué importa, qué importa el límite de esa verdad. Las historias atrapan, sumergen al lector, emocionan, te dejan pensando, y eso es lo que importa de un buen libro de cuentos como este.
Y para quienes ya han leído a nuestro autor, les contaré que, si bien estos cuentos se abren a nuevas historias, él continúa fiel a sus dos amores: el cine y al mundo del fútbol».
Maivo Suárez estudió Trabajo Social en la Universidad de Buenos Aires. Regresó a Chile en 1988 y se radicó en Santiago, donde ejerció por décadas su profesión. Realizó el Diplomado de Edición y Publicaciones de la Universidad Católica. Varios de sus cuentos han recibido distinciones en concursos y han sido incluidos en antologías. Ha publicado Lo que no bailamos (2016), Sara (2019) y Ambiente familiar (2021). Lo que no bailamos fue reeditado en 2022. Durante 2024 publicó A esta misma hora.
Este texto lo escribió para la presentación del libro El pasado es un durazno sangrando, del escritor y periodista chileno Víctor Hugo Ortega C., para la Furia del libro realizada en diciembre de 2024.